Una de las imágenes más reconocibles del paisaje urbano de Sevilla es su popular Puente de Triana, nombre común con el que se conoce al Puente de Isabel II que en el siglo XIX vino a cumplir uno de los más grandes anhelos que la población mantenía desde siglos atrás: conseguir un paso estable entre las dos orillas de su Río Grande, el Guadalquivir (Wad al-kibir), en su tramo histórico más importante y consolidado.
Y es que Sevilla, antes de este puente nunca tuvo un medio seguro para conectarse con su tradicional barrio alfarero de Triana emplazado junto al río frente a su no menos célebre puerto fluvial, existente ante el amplio arenal que se extendía al pie de la vieja muralla almohade.
El río fue motivo de gloria y desgracia para Sevilla a partes iguales; el que fuera Puerto y Puerta de América durante más de dos siglos, siempre estuvo a merced de grandes crecidas del río y temibles inundaciones, y la dificultad de construir un puente que uniera las orillas de Sevilla y Triana hizo que esto no fuera posible hasta 1171 cuando el emir Abud Yacub Yusuf decidió crear su célebre Puente de Barcas compuesto por trece barcazas de madera unidas por cadenas y fuertemente atadas a recios pilotes en las orillas.
Esta solución no era garantía de nada ya que los temporales rompían las barcas y había que volver a recurrir a los tradicionales barqueros para cruzar, pero se reparaban las barcas y el puente se volvía a abrir.
Como curiosidad basta decir que la primera cofradía de Triana que se atrevió a pasar el puente de barcas para hacer Estación de Penitencia a la Catedral fue la Hermandad de la O en el año 1830 (hasta esa fecha todas las trianeras hacían su estación de penitencia a la Iglesia parroquial de Santa Ana).
Y así pasaron los siglos hasta que en 1845, en tiempos de Isabel II, el ayuntamiento de la ciudad confió la construcción del puente actual a los ingenieros franceses F.Bernadet y G.Steinacher, obra de hierro colado y dos pilones centrales inspirada en el puente Carrousel de París; su construcción representa uno de los capítulos más decisivos de la “modernización” de la ciudad.
El puente ha sido sometido a reformas y reparaciones en el tiempo, especialmente para su adaptación a las continuas modificaciones del tráfico.
Así, hasta 1881 se realizaron trabajos de cimentación y consolidación de pilas y estribos.
Hacia 1918, y con la sustitución del tablero para dar servicio a un tráfico más pesado (tranvías), se le dio mayor anchura construyendo andenes en voladizo para peatones.
En 1958 el puente se cierra a camiones y autobuses y se le dota de un tablero autoportante (1977), por lo que ahora sus arcos de hierro son más de tipo decorativo.
Funcional y de gran belleza, el Puente de Triana es una obra representativa de la mejor ingeniería civil española del siglo XIX, que consiguió unir no solo las dos orillas de una ciudad sino también su sociedad, sus formas de vida y sus tradiciones.
Históricamente es el segundo puente de Sevilla, y en el siglo XXI es también el segundo puente de hierro más antiguo de los conservados en España.
Bien de Interés Cultural desde el año 1976, el puente fue inaugurado con toda solemnidad en febrero de 1852 con bendición del arzobispo, desfile militar, procesiones desde la parroquia de Santa Ana y concursos populares en las orillas.
Foto: Sergio Ramón (Wikimedia Commons)
Bibliografía:
. Puente de Triana.- Guía digital del Patrimonio Cultural de Andalucía. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, en: https://guiadigital.iaph.es/bien/inmueble/19472/sevilla/sevilla/puente-de-triana
. La historia que esconde el origen del puente más emblemático de Sevilla.- ABC de Sevilla, 15/12/2022, en: https://www.abc.es/sevilla/ciudad/historia-esconde-origen-puente-emblematico-sevilla-20221215070601-nts.html
. La construcción del Puente de Triana: siete años que cambiaron Sevilla.- Diario de Sevilla, 10 de diciembre de 2025, en: https://www.diariodesevilla.es/sevilla/construccion-puente-triana-siete-anos-cambiaron-sevilla-marcos-pacheco-morales-padron_0_2005402407.html
